El crecimiento de las oficinas flexibles en Madrid se explica por cambios en las estrategias de ocupación de las empresas. La extensión del teletrabajo y de los modelos híbridos ha modificado las necesidades de espacio de las organizaciones. Muchas compañías combinan presencia física y trabajo en remoto, lo que deriva en una demanda de flexibilidad tanto contractual como espacial.
Según El País, este ajuste en la forma de organizar el trabajo ha situado a los centros flexibles como una opción para gestionar equipos con rotación sin ampliar de forma permanente la superficie de las sedes corporativas. Los espacios de coworking permiten ajustar el número de puestos en función de variaciones de plantilla, evitando compromisos asociados a contratos de alquiler tradicionales de larga duración.

A su vez, la gestión de costes y el contexto económico influyen directamente en las decisiones inmobiliarias. El aumento de la inflación y el encarecimiento de la financiación, con tipos de interés elevados, han incrementado la presión sobre los gastos asociados al espacio de trabajo. El uso de espacios flexibles permite gestionar escenarios de incertidumbre, ajustando la superficie ocupada a distintos ciclos económicos reduciendo compromisos financieros fijos, como contratos prolongados o inversiones en oficinas en propiedad, y trasladar parte de estos costes a un esquema variable donde las empresas valoran la posibilidad de adaptar con rapidez la dimensión de sus oficinas según la evolución de su actividad, tanto en fases de crecimiento como en periodos de contracción.
Por otro lado, la ampliación de la oferta y la evolución del sector han acompañado el aumento de la demanda. El mayor interés por parte de los usuarios ha impulsado la apertura de nuevos centros y la incorporación de superficie flexible al mercado. Operadores nacionales e internacionales han ampliado su presencia en Madrid, incrementando el número de ubicaciones disponibles. Desde 2019, la entrada de grandes proveedores internacionales de coworking ha introducido procesos operativos homogéneos, lo que ha elevado el nivel medio de los servicios y ha llevado a los operadores locales a ajustar su oferta.
Como resultado, el mercado presenta una mayor variedad de espacios y un nivel de servicios alineado con las expectativas de las empresas usuarias. A su vez, la demanda se ha diversificado y, junto a las empresas tecnológicas, se registra una presencia creciente de compañías de finanzas, salud, consultoría y otros sectores. En espacios flex de menor tamaño situados en áreas periféricas, la ocupación corresponde con frecuencia a profesionales autónomos y pymes de servicios jurídicos, consultoría o marketing, actividades que tradicionalmente operaban en despachos propios y que encuentran en el formato flexible una opción ajustada a sus necesidades.
Tendencias del sector según operadores y consultoras
Los datos publicados por operadores especializados y consultoras inmobiliarias confirman la evolución del modelo flexible en Madrid. Según JLL, en 2023 un 67% de los gestores de espacios flex en España declaró ocupar más del 75% de su superficie, frente a niveles próximos al 60% registrados en 2022. Las compañías flex de mayor tamaño, con facturación superior a 10 millones de euros, mantienen cifras estables y, a su vez, los operadores con mayor presencia no plantean ajustes a corto plazo.

En cuanto a los hábitos de uso, se muestran diferencias a lo largo de la semana, concentrando la mayor ocupación entre martes y jueves, mientras que los viernes la afluencia disminuye. Según el 62% de los operadores, en esa jornada acude menos de la mitad de los usuarios habituales, lo que se asocia a la implantación de esquemas de teletrabajo parcial. Por ello, los operadores adaptan servicios y programación con el objetivo de repartir la asistencia semanal mediante actividades, eventos o mayor flexibilidad horaria.
Por tanto, desde la perspectiva de las consultoras, la oficina flexible aumenta su peso dentro del mercado inmobiliario de oficinas. JLL estima que, si se mantiene el ritmo de crecimiento actual, los espacios flexibles podrían alcanzar cerca del 8% del parque total de oficinas de Madrid en 2030, frente al entorno del 2 y 3% actual. Esta evolución implica nuevas aperturas y la incorporación de superficies flex en edificios de oficinas tradicionales. A su vez, la separación entre oficina convencional y espacio flexible se reduce a medida que más inmuebles integran superficies flex o servicios de coworking para sus ocupantes.
Consultoras como CBRE señalan que la demanda se dirige hacia activos bien ubicados, con criterios definidos de calidad y sostenibilidad.
En resumen, los factores que impulsan la demanda de espacios flexibles en Madrid responden a una combinación de cambios organizativos, presión sobre los costes y madurez progresiva del propio sector, ya que las empresas buscan fórmulas que permitan ajustar superficie y compromisos financieros en entornos de trabajo híbridos y ciclos económicos variables. Por tanto, la flexibilidad contractual y espacial se consolida como un criterio operativo en la toma de decisiones inmobiliarias, mientras que la ampliación y profesionalización de la oferta, junto con niveles de ocupación elevados y previsiones de crecimiento sostenido, refuerzan la integración de la oficina flexible dentro del mercado de oficinas, reduciendo la distancia entre los formatos tradicionales y flex, ampliando su base de usuarios en términos sectoriales y territoriales.
